18 febrero 2026

Salud mental y glaucoma.

La pérdida visual asociada a glaucoma puede tener un fuerte impacto en la salud mental. Recientes estudios indican que ciertos aspectos de la salud mental, además, tienen efectos negativos sobre el glaucoma.

La posibilidad de perder la visión puede llevar a sentimientos de vulnerabilidad y falta de independencia, y es importante saber que esos sentimientos son comunes.

La mayoría de las personas que reciben tratamiento para glaucoma mantienen una visión útil. Pero es importante la revisión médica regular para que el especialista pueda detectar cambios.

Muchos estudios han señanado la relación entre glaucoma y el aumento en el riesgo de depresión y ansiedad. La razón es que la disminución en la visión puede reducir la independencia haciendo más difícil cumplir con las tareas diarias.

El deterioro visual y el miedo a empeorar pueden llevar a las personas con glaucoma a retirarse de las interacciones sociales, lo que genera sentimientos de aislamiento. Además, las personas pueden tener miedo a los accidentes, lo que contribuye aún más a limitar sus actividades.

Recientes estudios han demostrado que el estrés de corta duración causa elevación de corta duración en la presión intraocular en las personas con y sin glaucoma.

En contraste, la meditación y el yoga han mostrado que bajan significativamente la presión intraocular, y potencialmente ayudan a proteger el nervio óptico de un daño adicional.

Los mecanismos por los cuales el estrés puede inducir presiones más altas incluyen excesiva secreción de nuestros propios esteroides y epinefrina.

Reconocer la relación de la salud mental con el glaucoma es el primer paso hacia su manejo. Algunas estrategias útiles incluyen terapias, grupos de soporte, atención integral que incluya manejo de estrés, y exámenes regulares de la vista.

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11 febrero 2026

La presión sanguínea y el glaucoma.

La presión sanguínea tanto alta como baja puede afecta la salud ocular.

Para saber si la presión sanguínea está relacionada con el glaucoma, puede decirse, que sí, pero la relación entre presión sanguínea, presión intraocular y glaucoma no es tan obvia como puede pensarse.

El glaucoma es una enfermedad compleja que resulta en pérdida de las fibras nerviosas que mandan las señales visuales del ojo al cerebro.

La mayoría de las veces, el glaucoma empeora cuando la presión intraocular está alta. Una presión intraocular alta puede dañar las fibras nerviosas, provocando una progresiva y permanente pérdida de visión.

De acuerdo con el Centro para Control de Enfermedades de Estados Unidos, la mitad de los adultos norteamericanos tienen hipertensión arterial, o presión sanguínea alta.

Esta también es una enfermedad compleja derivada de la presión ejercida por el propio volumen sanguíneo sobre las paredes de los vasos.

Lo opuesto de la hipertensión es la hipotensión, o baja presión sanguínea. Ambas presiones, alta o baja, pueden afectar la salud ocular.

Más aún, el sobretratamiento médico de la hipertensión puede conducir a hipotensión. Esto es particularmente cierto mientras se descansa o se duerme, cuando la presión sanguínea es naturalmente baja. Durante estos períodos la hipotensión es más común.

En pacientes que tienen tanto glaucoma como períodos de hipotensión, puede ocurrir daño en el nervio óptico.

A fín de ilustrar esta relación imaginemos que los vasos sanguíneos son una manguera de jardín. Dentro de la manguera hay agua y la presión ejercida en las paredes de la manguera (hacia afuera) está determinada por el flujo de agua, así como por la rigidez de la misma manguera.

Imaginemos que apretamos la manguera con la mano. Esta contrapresión es análoga a la que ejercen los ojos sobre las paredes de los vasos sanguíneos (hacia adentro). Si apretamos demasiado, el flujo de agua se reducirá a un goteo o se detendrá por completo.

Si la cantidad de flujo sanguíneo a los ojos se reduce drásticamente, lo que puede ocurrir durante los períodos de baja presión arterial (hacia afuera) y alta presión intraocular (hacia adentro), las estructuras del nervio óptico pueden resultar dañadas (por falta de flujo sanguíneo), y el glaucoma puede progresar más rápidamente.

Por lo tanto es importante estar atento de esta relación.

Puede ser útil monitorear la presión sanguínea en los períodos de descanso. Si la presión sanguínea es demasiado baja, puede ser que deban reducirse o eliminarse algunos medicamentos.

Debe hablarse del tema con el médico tratante de glaucoma.

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31 diciembre 2025

Glaucoma secundario a cirugía de cataratas.

Escrito por Robert Feldman para Glaucoma Research Foundation.

El glaucoma secundario a cirugía de cataratas GSCC es una forma de glaucoma que frecuentemente se presenta en niños. Es una condición en la cual el cristalino se encuentra ausente (afaquia), y la causa más común de afaquia es la cirugía de catarata.

En los adultos operados de catatatas, se adapta un lente intraocular en lugar del cristalino y a esta condición se le llama pseudofaquia. En los niños operados de catarata puede adaptarse un lente intraocular o no. Y se estima que una proporción de casos desarrollará glaucoma. La detección temprana puede evitar la pérdida de visión.

Una cirugía de catarata temprana está asociada a riesgo alto de desarrollar este glaucoma secundario pero no siempre es posible retardar la cirugía para reducir el riesgo, debido a que la catarata congénita puede provocar pérdida de visión permanente en niños.

Aproximadamente el 6% de los niños operados de cataratas desarrollan GSCC, y en promedio, el glaucoma se desarrolla de 4 a 6 años después de la cirugía.

Algunos avances en las técnicas quirúrgicas han disminuido el riesgo de desarrollar GSCC pero el examen regular de los niños sigue siendo crucial para un diagnóstico y tratamiendo a tiempo.

El tratamiendo inicial típicamente es con gotas oculares pero pueden necesitarse varias cirugías en el transcurso de la vida del paciente para el control a largo plazo.

Con el diagnóstico y tratamiento a tiempo muchos niños tendrán una buena visión para una vida normal.

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24 diciembre 2025

Hipertensión sistémica y circulación retiniana.

Los efectos de la hipertensión arterial afectan principalmente las arterias pequeñas.

La mayor parte de los vasos retinianos son de pequeño calibre (300 μm o menos) y permiten al médico analizar los efecto in vivo de la presión arterial elevada.

La fluorangiografía permite calcular con precisión el calibre de los vasos, da una medida sensible de la competencia vascular y ayuda a valorar los cambios en la hemodinámica retiniana.

Cuando la presión arterial se eleva en forma marcada durante períodos prolongados, la isquemia (falta de riego sanguíneo) daña la microvasculatura retiniana y pueden ocurrir hemorragias, edema y exudados grasos, que es una extravasación de líquido hacia la retina.

Referencia

  • Phillips, C.(1986). Oftalmología Clínica, Editorial Interamericana.

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