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17 abril 2013

Visión en la alta montaña

Las alteraciones en el organismo al realizar actividades a grandes alturas son consecuencia, casi siempre, de la baja presión de oxígeno a la que se somete el cuerpo. La baja presión se refiere al número de moléculas presentes por unidad de volumen de aire, que es mayor al nivel del mar. A mayor altura hay menos moléculas en un mismo volumen de aire, es decir , la presión de oxígeno es muy reducida y ello daña los órganos y tejidos corporales.

Los deportistas pueden experimentar alteraciones de la función visual en este ambiente. El primer síntoma que un sujeto puede experimentar cuando sube por encima de los 4000 metros es visión borrosa, causada por alteraciones retinianas y del nervio óptico causadas por disminución de la presión parcial de oxígeno. Los cambios en la retina son reversibles y por tanto la agudeza visual se recupera cuando el deportista desciende y es sometido a un aporte de oxígeno durante diez minutos. Algunas pruebas demuestran que en condiciones de bajo aporte de oxígeno, los fotorreceptores de la retina periférica, tanto conos como bastones, se alteran antes que los de la retina central, que son principalmente conos. A esto se debe la reducción concéntrica del campo visual que pueden sufrir los alpinistas.

También a partir de 4000 metros de altura se altera la visión cromática apareciendo los colores menos saturados.

Finalmente, los deportistas de alta montaña que se han sometido a cirugía refractiva pueden tornarse miopes en caso de LASIK e hipermétropes en caso de queratectomía fotorrefractiva (PRK) debido igualmente a las condiciones de falta de oxígeno, por lo que se recomienda llevar lentes graduados de una o dos dioptrías para compensar el cambio.

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